domingo, 26 de julio de 2015

Abuela Gallo

"Nadie te dice cuánto pesa la ausencia ni cuanto tiempo dura" -Jandy Nelson


Elsa
Hace tres meses, el 26 de abril de este año, falleció mi abuela paterna. Ha sido una de las experiencias más fuertes que creo haber vivido, sin embargo una de las que menos menciono. Ya irán viendo con el tiempo y las entradas de este blog, que me resulta fácil hablar de la huevada que sea que hable, pero esta en particular es una que me produce extrañeza e incomodidad, de hecho tanto así que esta es la quinta o sexta vez que escribo esta entrada porque no sabía bien hacia donde quería apuntar. 

En su momento no me pareció demasiado prudente ni hablar del tema ni expresar u opinar al respecto, de hecho, me parecía un poco egoísta. Jamás fui el nieto más cercano a ella, y mis tías y mis padres estaban pésimo, al igual que el resto de parientes, por lo que no podía aportar más angustia. Uno puede contenerse, tampoco es tan difícil, además, esta situación no fue de golpe ni de zopetón, ya todos sabíamos lo que venía. 

Escuché varios comentarios al respecto, de lo diferente que es perder a alguien de manera repentina
Su pieza.
como en un accidente, a verle morir de a poco, como se le apaga la mirada, la voz; y no puedo comparar porque no he tenido la posibilidad de perder a alguien en un accidente –y no quiero tenerla jamás–, pero en base a mi experiencia y a mi capacidad especulativa –de eso tengo bastante– sí me imagino que es hiper distinto. Como ya dije antes, no creo que sea comparable el dolor que sentí yo al que sintieron mis tías o mis padres, quienes iban regularmente a cuidar de ella en sus últimos momentos, o quienes la conocieron desde antes, quienes pasaron muchas más cosas con ella; ellos la habían comenzado a perder desde antes.

No puedo y no se si quiera ponerme en el lugar de ellos, si yo aún no puedo superar lo que fueron esas últimas semanas, de sólo pensar en lo que han sido para el resto, me convierto en un ovillo con moco y lágrimas. Entro en la casa que fue suya y cada rincón espacial me transporta a uno temporal –que, mal, creo haber olvidado–. Es ahí cuando repudio el escepticismo que me he inculcado y que me ha rodeado desde hace años, cuando quiero creer que hay algo más allá, algo post mortem. Pero de que hay algo que trasciende, lo hay; en las fotos que ha tomado mi prima –quien me autorizó a compartirlas aquí–, en las plantas, en los zapallos, en nosotros, todos horrocruxes.

Todo se ve muy reciente, y creo que por mucho que intentemos evitar o reprimir cosas, estas al final de un momento a otro nos pasan la cuenta, porque el dolor se puede disimular, pero no desaparece, y como bien dicen en "Bajo la Misma Estrella", "El sufrimiento demanda ser sentido"... O algo así. Por eso no es bueno posponer, ni las tareas, ni el trabajo, ni el estudio, ni el llanto. Existe una pérdida a nivel físico; y no existe ctrl + z que pueda repararla o revertirla, pero me aferro desesperadamente al recuerdo, al menos por ahora; porque este sigue intacto, al igual que nuestra relación, pero sólo han pasado tres meses, y espero en algún momento las heridas sanen, porque tengo oído que los pollitos no tienen buena cicatrización, algunos nacen con su ombligo sin cerrar, y ustedes ya saben que yo tan sólo soy un pollo, uno más.

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